Querida P,
No pude escribirte antes, el cuadrante es pequeño e impide moverse. Sé que antes debo conservar la formalidad y disipar tus miedos. He seguido todos los pasos posibles para evitar la copia. Tengo borradores en el ordenador y también a mano. Sé que en estos tiempos hay que cuidarse mucho y sin embargo, debo confesarlo, he sido tentado muchas veces y he caído. Soy en definitiva también un ladrón de ideas, y es así que de seguro en el primer libro alguna frase debe de ser el remedo de otra o quizá un verso. Nadie es totalmente puro P. Somos herederos y nos contaminamos fácilmente, así no lo querramos ni lo hayamos planeado. Pero como te iba diciendo, tengo muchas copias para demostrar mi autoría. Hasta he seguido los trámites legales en las instituciones correspondientes. Como siempre todo un papeleo y una pérdida de tiempo, pero como muy bien advertiste, nadie está libre de nada. Mil gracias P, de seguro con más ahínco y prisa he agilizado todo.
Sé que va contra las reglas del juego el no seguir lo planeado y quién siempre sigue las reglas, pregunto. Estamos siempre provocados a romperlas. Los sentimientos pueden contrapesar muy bien grandes pesos y escalar murallas infranqueables. No lo dudes, desde siempre he mirado en el horizonte un destino de gloria y ahora, sin embargo, rehuyo como un cobarde. Sigo la misma rutina y trato de esquivar la línea pequeña de las fronteras. Shany y Miloslav, de los que de seguro ya te he comentado (personajes que prestan sus nombres a mi gran mundo imaginario), tienen un campo de acción inmenso, pueden correr riesgos, pues tienen las habilidades. Suben las alturas sin miedo, diagonalmente atraviesan las barreras hasta conseguir lo que quieren, intimidan y asustan a sus adversarios y hasta me han ofrecido su ayuda. Se les ve tranquilos, conversando en los fastuosos restaurantes modernos de la plaza, tomándose un café, bebiendo un poco de vino. Solo apenas puede colarse una pequeñísima luz del fracaso para ellos, que no está del todo olvidada, pues hasta los más poderosos pierden la batalla y los más veloces la carrera. Pero esto no los asusta, prefieren no verla, escondidos en sus caparazones. Yo sin embargo, me baño de su espectro continuamente y sé que debo andarme con cuidado. Y si también puedo visitar con ellos los mismos lugares, camino alerta, cuidándome los flancos.
Ese color P, que antes me era indiferente, ahora me acerca indefectiblemente al abismo, ¿será que puede inmovilizarme? Tengo mi armadura puesta y camino sereno (la serenidad es muy admirada y también escasa) pero tengo miedo. De seguro al otro lado de la ciudad el sol tiene otros reflejos y tú te encuentras en paz y esto me tranquiliza. Nunca había imaginado encontrarme así, los finos pasos firmes ahora se me hacen tambaleantes. Mi norte está definido P, pero el corazón es traicionero.
Deseando recibir noticias tuyas,
A
lunes, 25 de junio de 2007
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