Querida P,
Esta es una nueva novela y me ha costado harto tener que comenzar, siquiera con la idea. En realidad he pasado horas y horas reuniendo tantas cosas. He esperado también inútilmente un libro de un tal Manganelli, que solo se encuentra en España, y esto tampoco es confirmado, pues tal ha sido el seguimiento que he hecho buscando el texto, que me he perdido entre tanto camino y desvío: encargos a conocidos, compras por Internet, llamadas a librerías, foros con lectores y mensajes a seguidores del supuesto escritor.
Pero ya no importa, he logrado suponer muchas cosas y he decidido cambiar simplemente de punto de vista. Tú, que has leído mi primer libro, debes de saber que el punto de vista es único. La tercera persona me ha ayudado, lo reconozco, a no comprometerme demasiado (salvo en algunos casos donde el personaje principal monologa); y no creas que he cambiado de idea, simplemente los que ahora monologan y hablan son los mismos personajes de la historia; y no necesariamente principales, porque hasta el enano del paradero o el maniquí pueden relatar la misma historia, con lógicas variantes definitivamente.
Y no te voy a contar la trillada retahíla que justifica esta técnica, porque muchas veces no funciona. Eso de contar el relato de la caperucita roja por el lobo es un fiasco y por la abuelita todavía más. Lo que pasa es que en este específico caso -el de mi libro- sí funciona, no lo dudes; no tengo por qué argumentar algo que tú sabes de sobra, imagínate hablando a Bet o a Caroline, o a la mujer que cruza la loma después de haber leído el horóscopo, o a la mujer serpiente o a las gordas, en realidad la posibilidad se multiplica.
Pero no quiero cansarte más, sé que en este momento estás observando fotos. Me dijiste que por las tardes, como a las cinco, este es tu pasatiempo favorito; y no lo dudo, pues quién puede negar que el otoñal atardecer es magnífico. Solo los que no han gozado de esta estación no pueden comprender. Yo sí querida P, más aún conociendo tu sensibilidad y tu corazón. De seguro debes de tener por allí alguna foto mía también. Aunque de seguro el can Cerbero no te lo permitiría, sé que por algún lado debes de haber escondido alguna, como yo he puesto la tuya en un lugar infranqueable... pero, ¿no será la que estoy suponiendo?, ¿verdad P?... bueno, si es la que imagino me siento intranquilo, pues como sabes soy cero fotogénico. Y no es una excusa ni una alienación, he aprendido con el tiempo a aceptarme como soy, pero es la verdad; conozco gente que ante cámaras se ve espectacular y disimula lo corriente de su aspecto.
Bueno, ya te comentaré más. Espero no haberte cansado con mis reflexiones, pues ya viene el triste peón a molestar. Esto de ser peón debe de ser también angustiante -lo vivo en carne propia-, el hombre solo cumple su trabajo.
Adiós y muchos besos. Espero tu respuesta aunque sé que poco te gusta contestar, contento de aunque sea estar de paso por tu vista.
A
lunes, 25 de junio de 2007
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