jueves, 18 de febrero de 2010

Habitáculo park

Entraba por la esquina que daba a las agencias de viajes, quizá imaginando que un día viajaría. Eran tantas, desde las más pequeñas hasta las más grandes. También estaban los vendedores de monedas, siempre quietos bajo el sol ambarino. Algunos dormían y otros jugaban ajedrez en la pequeña tienda que estaba frente al ficus.
Cruzaba la calle mirando a ambos lados por más que la calle fuera de un solo sentido y que los carros transitaran de sur a norte. Podría parecer ridículo, pero no le importaba, solo sabía que su sentido de previsión, agrandado mil veces, lo había salvado de ocasiones tristes y molestas.
Buscaba un banco vacío de los doce que había alrededor de los jardines, un monumento a alguien desconocido, una especie de heroína que atravesaba el aire con una jabalina y que miraba al infinito.

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