Aquí te va, querida P, el primer argumento y su explicación. Después de tanta espera, imaginó tu amplio jardín, bañado de sol y de rosas. El aroma fresco del otoño, junto a la brisa del mar y esa pequeña playa de piedrecitas donde solíamos correr y caminar otras veces. Puedo imaginar un poco opacado tu rostro, aunque parezca increíble.
Pero antes debo confesarte algo. La he visto P, por primera vez la he observado en el fragor de la batalla. ¿No te ha pasado alguna vez que has visto recién a ese alguien mucho después de conocerlo? Quizá era parte del contexto y hubieras notado su ausencia. ¿Pero y si siempre hubiera estado allí P? Y si siempre lo hubieras visto como quien ve un simple árbol viejo en medio del jardín. Hoy ha pasado P y he presentido su llegada, y he conocido su asustadizo mirar. Ni yo debería haber pasado los límites de mi reino, ni ella haber supuesto nada; pero en esas idas he descansado. Frente al enemigo, pero he descansado. Y por primera vez he mirado oblicuamente. Siempre he mirado de frente P, pero ahora lo he hecho en diagonal. ¿Te sorprende eso?
Hubiera podido borrar todas las fronteras y buscarla entre tanta masacre, pero he decidido esperar, estoico. No creas que es la primera vez P. Muchas veces, en situaciones similares por simples murmullos he quedado paralizado, simples gestos. Ahora lamento mi estatismo, pues de haber corrido otra hubiera sido la historia, la línea recta P hubiera juntado sus extremos y hoy sería solo posibilidad. Pero ha aparecido, hoy la he mirado y mi mañana es ahora, no quiero despertar.
Creo tristemente otra vez haberte hecho esperar en vano por contarte otras cosas. Pero no te preocupes, sin falta será mañana, aunque oblicuamente desee el ayer.
Saludos
lunes, 17 de septiembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario